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domingo, 31 de enero de 2010

Pragmática del discurso oral (Lectura 3)

Pragmática del discurso oral
Wulf Oesterreicher (LMU Munich)*


En el título de estas breves reflexiones, figuran tres términos que exigen una explicación previa. Por ello, antes de entrar en detalles, quisiera precisar en primer lugar el concepto de discurso, exponer después aspectos de lo que aquí significa pragmática y explicar, por último, lo que entiendo por discurso oral.

El concepto de discurso es relativamente fácil de entender. Discurso es simplemente sinónimo de enuncio o secuencia de enunciados y corresponde, dicho sea de paso, a lo que en la lingüística textual se suele calificar de texto. Es decir, una conversación familiar, una llamada telefónica, pero también una carta, un articulo de fondo, un documento jurídico etc. - todas estas formas de la comunicación verbal representan discursos.[1] Conforme a este empleo del término, tenemos que entender por discuto toda manifestación concreta de la actividad del hablar según las reglas de una determinada lengua, concebida esta última como técnica histórica del hablar.[2]

El discurso, sin embargo, no sólo es manifestación o actualización de la actividad del hablar mediante reglas y normas de una lengua, sino que al mismo tiempo - y este punto se olvida muy a menudo - es siempre realización de modelos textuales de modelos discursos, o, en la terminología aquí adoptada de tradiciones discursivas. Pero no hay que identificar las tradiciones discursivas exclusivamente con géneros o estilos literarios, ya que éstas representan también formas de la interacción verbal cotidiana.

Además, como bien se sabe, no es posible limitar las tradiciones discursivas a una sola comunidad lingüística[3].


El esquema (fig. n°.l) muestra esta múltiple determinación del discurso:

aspecto universal: actividad del hablar
( referencialidad, predicación,
orientación deíctica, finalidad, etc.)

aspecto histórico: lengua tradición discursiva
(reglas y normas (géneros, formas discursivas,
lingüísticas) estilos, etc.)


aspecto actual: discurso (texto)
fig.1

En el hablar seguimos, pues, modelos discursivos que necesariamente determinan aspectos de la forma y del contenido de los discursos concretos. En este sentido, la producción y la comprensión de los enunciados dependen no sólo de la actividad del hablar y del conocimiento de la lengua, sino también del conocimiento de las tradiciones discursivas. En otras palabras, el saber idiomático no es suficiente, para producir y comprender enunciados de diferentes tipos como, p.ej., la respuesta a la pregunta por una dirección, una consulta médica, una conversación comercial, un cuento, un artículo científico, etc.

Nuestra definición del discurso como actualización de una técnica lingüística histórica y de una tradición discursiva implica ya el concepto de variación comunicativa, puesto que, por definición, los discursos funcionan y tienen que funcionar en situaciones y contextos diversos. Al insertar el discurso en situaciones y contextos concretos, nos encontramos ya en el campo de la pragmática[4]. La pragmática toca principalmente el aspecto del uso, se interesa específicamente por las relaciones entre discursos y sus participantes, a saber, por las reglas que rigen el uso de expresiones, proposiciones, etc. La pragmática considera esencialmente las situaciones en las que los discursos aparecen, las intenciones que rigen su producción, los efectos que los discursos provocan. Y, sobre todo, se interesa por los diferentes tipos de interacciones entre locutor/productor y alocutor/receptor que se constituyen en el discurso mismo. En este sentido representa ya el paso de la investigación de la expresión lingüística que sólo considera el aspecto semántico y sintáctico a una investigación integral de la comunicación verbal - integral en cuanto que toma en cuenta los aspectos esbozados.

Para concretar mejor los aspectos pragmáticos aludidos, quisiera recordar los elementos constitutivos de la comunicación verbal. En la comunicación verbal entran en contacto por lo menos dos personas. Asumen los papeles de locutor y de alocutor, puede haber una distribución fija de papeles, como p.ej., en una carta o un sermón, o los interlocutores pueden aceptar la libre alternancia de la toma de palabra como ocurre en una conversación. El discurso se refiere a objetos de la realidad física, social o psicológica. La producción del discurso representa siempre una tarea de formulación o de verbalización, puesto que el locutor tiene que respetar y sintetizar al mismo tiempo el carácter lineal de la expresión lingüística, las estructuras de la lengua como técnica del hablar, las reglas de las tradiciones discursivas y su interpretación individual de la realidad extralingüística. Además los interlocutores se sitúan siempre en campos deícticos personales, locales y temporales, utilizan diversos tipos de contextos y se encuentran en determinadas situaciones sociales y relaciones emocionales.


De este esbozo de la comunicación verbal podemos deducir ya condiciones universales de comunicación que, a mi modo de ver, definen el espacio comunicativo en su totalidad. A estas condiciones universales de comunicación pertenecen como elementos constitutivos, por lo menos, los siguientes parámetros[5]:

Primero: el grado de privacidad o de carácter público de un discurso. Este se define por el número de interlocutores (p.ej., un diálogo vs, una comunicación de masas) y por la existencia de un público y de su tipo (p.ej., una mesa redonda vs. un discurso en la televisión).

Segundo: el grado de intimidad de los interlocutores. La intimidad o el desconocimiento de los interlocutores dependen de la experiencia comunicativa anterior y del conocimiento mutuo.

Tercero: el grado de emotividad y participación emocional de los interlocutores.[6] La participación emocional puede referirse al interlocutor o al objeto de la comunicación, puede ser provocada, pues, bien por el alocutor — en este caso se podría hablar de afectividad interpersonal — bien por el objeto de la comunicación - en este caso se trataría de una afectividad o expresividad 'objetiva' (p.ej., una conversación entre una pareja de enamorados vs. una discusión en una reunión política).

Cuarto: el grado de inserción o implantación de la enunciación en el contexto situacional y de actuación[7]; la inserción es máxima en acciones acompañadas por palabras, p.ej., en el caso de un médico que opera y pide una tijera; la inserción es mínima, p.ej., en un texto jurídico que puede referirse a sujetos abstractos a delitos aún no cometidos y hasta 'irreales'.

Quinto: el tipo de referencia. Este se define por el grado de proximidad o distancia de las personas u objetos mencionados en el discurso, siempre en relación al ego-hic-nunc del locutor[8]; compárense p.ej. las situaciones siguientes: un guardacoches que explica a un cliente el uso del disco de control del aparcamiento, la descripción de unas vacaciones o los textos jurídico, mencionados.

Sexto: la posición local y temporal de los interlocutores especifica el tipo de contacto. Aquí hay que diferenciar la situación de encuentro cara a cara de todos los demás tipos y grados de separación local y/o temporal en la producción y la recepción de discursos (conversación en un bar, llamada telefónica, carta privada, literatura medieval, etc.).

Séptimo: el grado de cooperación se refiere al papel que el receptor juega en la producción de enunciados; se trata no sólo de la cooperación verbal — preguntas, propuestas, correcciones, informaciones suplementarias —, sino también de los grados de atención y de reacción, manifestándose en miradas, expresiones mímicas, posiciones del cuerpo, risas, chasquidos, etc.

Octavo: hay que distinguir entre cooperación y dialoguicidad. La dialoguicidad se define por la posibilidad y la frecuencia con la que los interlocutores asumen espontáneamente el papel de locutor; compárese una conversación entre amigos con la lectura de la sentencia en un tribunal: en el primer caso la comunicación es simétrica, dialogada; en el segundo, claro está, asimétrica, monologal.

Noveno: el grado de espontaneidad de la comunicación se define por el nivel de libertad de participación y de comportamiento entre los hablantes; aquí entra el problema del grado de institucionalización o formalidad de la comunicación.

Décimo: el grado de fijación y determinación del tema. Estas son mínimas en la conversación familiar, son, sin embargo, obligatorias, p.ej., en una conferencia científica, etc.

Evidentemente, los diez parámetros aducidos admiten gradaciones, es decir, describen una escala continua, donde los valores paramétricos se sitúan ordenadamente — salvo en el n°. 6, donde se trata de una clara disyunción entre conversación cara a cara o no. Así, hay que determinar, p.ej., en el parámetro n°. 1 las gradaciones entre lo totalmente privado y lo plenamente público, en el parámetro n°. 2 las graduaciones entre una gran intimidad de los interlocutores y el caso en que se desconozcan por completo, y así en los demás parámetros.

Ahora bien, con la ayuda de los criterios esbozados es perfectamente posible definir no sólo un discurso concreto sino caracterizar también las tradiciones comunicativas que existen en una sociedad cualquiera. Cualquier tipo de comunicación posible se define necesariamente por la combinación que se establezca entre los valores específicos de los parámetros mencionados. La manera en que se produce esta combinación otorga a cada discurso individual y a cada tradición discursiva su perfil comunicativo específico. De esta manera, es fácil determinar las condiciones comunicativas de tradiciones discursivas existentes como, p.ej., las de actos jurídicos, las de artículos científicos, las de conferencias universitarias, las de artículos de fondo, las condiciones comunicativas de sermones, las de entrevistas con un político, las de presentaciones personales, las de consultas médicas, las de mesas redondas, las de canas privadas, las de preguntas por direcciones y sus respuestas, las condiciones comunicativas de conversaciones telefónicas o las de conversaciones entre amigos en un bar, etc.

Ya la mera enumeración de los tipos de discursos demuestra, de nuevo, que dichos tipos forman una escala y que los modelos discursivos pueden localizarse en un campo continuo entre dos polos extremos. Estos dos polos representan lo que se suele llamar en un sentido prototípico oralidad y escrituralidad. El campo continuo entre oralidad y escrituralidad es de natura concepcional, es decir, es independiente de la realización fónica o gráfica del discurso. Estos polos, rigurosamente definibles por los valores paramétricos explicados, vamos a llamarlos, para mayor brevedad y usando los términos en un sentido metafórico, inmediatez comunicativa y distancia comunicativa.[9] Y es evidente que el discurso oral funciona, por definición, en el ámbito de la inmediatez comunicativa. El esquema indica la localización relativa de las tradiciones discursivas en este campo continuo:



inmediatez distancia


Hasta aquí no hemos hablado del aspecto propiamente lingüístico de los discursos pues las condiciones comunicativas explicadas son claramente de naturaleza extralingüística. Por lo tanto, tenemos ahora en qué medida y de qué manera estas condiciones comunicativas determinan la producción d e los discursos y posibilitan su comprensión. Creo que salta a la vista que los tipos de discurso descritos en la gradación esbozada en la figura n°2 requieren diferentes estrategias de formulación y determinados tipos de verbalización10. De acuerdo con esta perspectiva estratégica o de producción discursiva es de suma importancia el problema de la contextualización11.

Debemos diferenciar, por lo menos, los siguientes tipos de contextos:

Primero: el contexto de situación. Este contexto incluye las personas, los
objetos y los datos presentes en la situación comunicativa.

Segundo: el contexto cognoscitivo. Este contexto tiene, de un lado, un aspecto individual que se refiere a la experiencia común de determinados interlocutores y sus conocimientos comunes; del otro lado, existe un contexto cognoscitivo general; en este caso se trata de conocimientos socioculturales (p.ej., tradiciones discursivas) y conocimientos - en ciertos aspectos - universales (p.ej, la relación 'causa efecto', etc.).

Tercero: el contexto lingüístico de la enunciación o contexto discursivo. Este se constituye por la expresión verbal antecedente y subsiguiente; para designar este tipo de contexto se utiliza también el muy logrado término de co-texto.

Cuarto: existen otros contextos comunicativos.
El contexto comunicativo paralingüístico abarca los fenómenos prosódicos o de entonación;
el contexto comunicativo no-lingüístico implica la mímica, las miradas, los gestos, las posiciones corporales, etc.

Dicho sea de paso, estos tipos de contextos explican lo que se suele llamar presuposiciones intra y extradiscursivas, estructura informativa, información implícita, condiciones de éxito, actos de lenguaje indirectos y el funcionamiento de las llamadas reglas o máximas de conversación.12

Ahora bien, es conocido que sólo el contexto lingüístico representa un carácter digital, es decir, sólo él funciona a base de unidades distintas, discernibles, identificables y por consiguiente, (en principio) inequívocas. Los demás contextos mencionados tienen carácter analógico, es decir, forman una unidad contextual global que, en cada caso particular, influye en la producción del discurso y contribuye a la intelección del sentido de la enunciación.13 La determinación del aspecto analógico y del aspecto digital dentro de las diferentes formas de comunicación verbal no es sólo un tema fascinante, sino que es uno de los problemas fundamentales de toda teoría de la comunicación.

Tenemos que poner de relieve el hecho de que sólo en la inmediatez comunicativa se usan todos los contextos posibles. La distancia comunicativa excluye por completo los siguientes contextos: el situativo, el paralingüístico, el no-lingüístico y el contexto cognoscitivo individual. Por eso, en la distancia comunicativa, es forzoso el suplir o compensar la carencia de estos contextos por medio de una elaboración sistemática del contexto lingüístico — ya que, en la perspectiva comunicativa, la información que no aparece en la expresión lingüística es inexistente.14 En la distancia comunicativa el locutor tiene que recurrir, pues, a una verbalización y expresión lingüística más explícita y más detallada, mientras que en la inmediatez comunicativa tiene menos importancia una verbalización sofisticada y costosa15, y hasta puede parecer muy rara a los interlocutores, ya que funcionan sin dificultades los otros tipos de contexto mencionados. De esta manera los contextos descritos contribuyen decisivamente a la regulación del discurso.

Otro aspecto fundamental de la verbalización, vinculado directamente con la contextualización y determinado también por una serie de condiciones comunicativas, es el grado de planificación y estructuración en los discursos. En la inmediatez comunicativa son sobre todo la privacidad e intimidad de los interlocutores, la participación emocional y la espontaneidad las que permiten un mínimo de esfuerzo formulatorio. En la distancia comunicativa encontramos, en cambio, un tipo de elaboración y formalización discursiva que presupone una planificación máxima.16


Como consecuencia de los aspectos descritos, los discursos definidos por la inmediatez comunicativa presentan, regularmente, un carácter provisional que sigue conteniendo y reflejando el proceso de la producción discursiva. En lo inmediato, las estrategias de formulación conducen, por el uso abundante de los contextos, a una verbalización a veces muy reducida y económica. Encontramos una preferencia por procedimientos agregativos. Pero al mismo tiempo, por la falta de planificación, por la espontaneidad y emocionalidad, se producen vacilaciones, saltos, redundancias y repeticiones, precisiones sucesivas, etc.17 De ningún modo tales redundancias y repeticiones deben ser interpretadas como errores o faltas. Tampoco el discurso en que aparecen debe calificarse como primitivo, pobre o deficiente: en la perspectiva de la pragmática, estas verbalizaciones extensas asumen funciones importantes porque, a veces, aportan aclaraciones entre los interlocutores que son indispensables para la comprensión del discurso. Estas aclaraciones pueden expresar temores, dudas, criticas, acusas, sorpresas, intuiciones, evidencias, convicciones; insistencias, refuerzos, atenciones, aprecios, gustos, comodidades, etc. Para ilustrar este fenómeno, Antonio Narbona Jiménez se sirve de un fragmento de la novela El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio, "una de las obras literarias que con mayor fidelidad ha logrado calcar un estilo coloquial" (1992, 14). Reproduce una intervención de un protagonista, Sebastián, amigo de Miguel:

Pero bueno / Miguel / yo lo que digo es una cosa / ¿somos amigos / sí o no? / Porque es que si lo somos / como yo me lo tengo creído / no comprendo a qué viene todo esto / francamente / Que no podamos tener ni un cambio de impresiones sobre las cosas de cada cual.

Narbona insiste en el hecho de que "Si los hablantes nos decidimos por este tipo de soluciones tan “antieconómicas” (piénsese que nada de la información faltaría en una frase como No comprendo, que siendo amigos, no podamos hablar de nuestras cosas), no es porque seamos idiomáticamente “primitivos”- o incapaces de elaborar otras más “maduras” que expresen con mayor precisión lo que pretendemos comunicar. Simplemente, nos servimos de la andadura sintáctica que hemos considerado más eficaz, relevante y adecuada" (1992, 15).18

Los discursos que pertenecen a la distancia comunicativa, en cambio, normalmente no conllevan huellas del proceso de formulación; tienden por definición al 'discurso objeto', al texto definitivo, a lo que Heinrich Lausberg ha llamado “Wiedergebrauchs-Rede”19, es decir, discurso que puede ser repetido, reutilizado. En estos discursos, la densidad da la información y la progresión semántica son maximizadas gracias a una verbalización compacta e intensiva que produce unidades lingüísticas integrativas y complejas. Se comprende fácilmente que esta forma de la comunicación tenga una afinidad natural a los cánones de la lengua escrita, a la norma prescriptiva, a la escritura.20

Para no simplificar demasiado las cosas, tenemos que insistir en el hecho de que en una conversación espontánea, en un relato, en una carta, y aun en una conferencia o en un artículo de fondo, los valores paramétricos que acabo de discutir pueden, en mayor o menor grado, modificarse. Este punto es, por sus consecuencias teóricas, de suma importancia, puesto que tenemos que rechazar una interpretación determinista del discurso según la cual éste está determinado por completo por condiciones comunicativas de antemano establecidas: la verdad es que - sobre todo en la inmediatez comunicativa, en el discurso oral - son los interlocutores los que logran crearse en el proceso discursivo, en el marco de los parámetros esbozados, sus propias circunstancias comunicativas. Esto quiere decir que por una modificación del grado de cooperación, de la dialoguicidad, de la espontaneidad, etc. y como resultado de la progresión del discurso el estilo de verbalización, el perfil concepcional de la comunicación puede modificase decisivamente. En estos casos, la actitud de los interlocutores cambia y este cambio de la calificación paramétrica inicial es resultado de la misma actividad discursiva, es producto de las estrategias que hemos llamado regulaciones del discurso. Dichas regulaciones se ponen de manifiesto en el caso de diálogos que acaban en monólogos, en el caso de una persona que, a lo largo de un discurso, parece mas simpática, en el de un interlocutor que pierde el interés por la comunicación, en el de un cambio de los respectivos estatus, en el caso de una identificación cada vez mayor con los valores de un interlocutor.

La pragmática es, en este sentido, absolutamente necesaria para abrir el campo a la investigación y construcción de una lingüística de las operaciones, de las instrucciones, de las regulaciones y negociaciones esbozadas.
En conclusión, resulta claro que el discurso oral que funciona en la inmediatez comunicativa no es sólo - ni sobre todo - transmisión o intercambio de informaciones, sino, más bien, un proceso interactivo precario, constituyente de intersubjetividad y sociabilidad.21


* El texto de este artículo se corresponde en gran parte con mi aportación a la sección iv “Le stretture del parlato” del xxi Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica, Palermo, 18 de septiembre de 1995. Doy las gracias a Ruth Vivas Ramos por la ayuda prestada en la redacción del texto.
[1] Cf. p. ej. Berárdez Sanchis 1982; también Van Dijk 1973.
[2] Cf. Cosseriu 1981, 35-47; Koch/Oesterreincher 1990.ss.
[3] Cf. Schlleben-Lange 1983, 138-148: Oesterrreicher 1988, 378-380; Koch/Oesterreicher 1990, 6-8; véase también Segre 1979.
[4] Cf. p.ej.Caron 1989 y Reyes 1990; véase también Schlleben-Lange 1979; Ochs/Schleffellin 1979; Givón 1979; Austin 1982; Levinson 1987.
[5] Cf. Koch/Oesterreicher 1990, 8-12; véase también Todorov 1970.
[6] Cf. Koch/Oesterreicher 1995.
[7] Cf. p.ej.Caron 1989,esp.65s.véase también Benveniste 1970.
[8] Cf. Bühler 1965. &7.
[9] Véase Oesterreicher 1988,371-379; Koch/Oesterreicher 1985 y1990, 5-16; cf.también Söll 1985.
10 Cf. p.ej. Chafe 1982 y1985; véase también Beaugrande 1984; Eigler et al. 1990; alguna contribución en Antos/Krings 1989; cf,. también Oesterreicher 1993.
11 Cf. Coseriu 1955/56 y Poyatos 1995.
12 Para una discusión detallada de los conceptos mencionados, cf. p.ej. Grice 1975; Kerbrat-Orechioni 1977 y 1986; Henne-Rehbock 1982; Charaudeau 1983; Bange 1983; Caron 1989; Moeschier 1989; Reyes 1990; Oesterreicher 1993.
13 Cf. Watzlawick et al.1967, cap. 25.
14 Cf. Coseriu 1981,101; Koch/Oesterreicher 1990,10-12.
15 Esto es lo que nos muestran, en mayor o menor grado, los materiales publicados sobre todo en el marco del proyecto “Estudio del español hablado culto”; cf. Lope Blanch 1971; Rabanales/Contreras 1979; Rosenblat 1979; Esgueva/Cantero 1981; Pineda 1983; Otalora de Fernández/ González 1986; cf. también Berschin 1973; Criado de Val 1980; Briz 1995; para el francés hablado, cf. Francois 1975; Cosnier/Kerbrat-Orecchioni 1987; Ludwig 1988.
16 Cf. Koch/Oesterreicher 1990, 10-16.
17 Cf. p.ej. Beinhauer 1978; Narbona Jiménez 1988 y 1992; Vigara Tauste 1992.
18 Para una discusión detallada de tal mimesis de lo hablado, véase p.ej. Gil/Scherer 1984; Reyes 1984; Goetsch 1987; Bader 1990; Oesterreicher 1994 y 1995; Gauger 1995.
19 Lausberg 1963, 28s.
20 Cf. Koch/Oesterreicher 1990, 15s.
21 Cf. Stempel 1987, 120s.