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lunes, 3 de mayo de 2010

Actos de habla corteses

Ma. CRISTINA FERRER y CARMEN SÁNCHEZ LANZA. 2002. Interacción verbal. Los actos de habla. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora.

ACTOS DE HABLA CORTESES

De acuerdo con la taxonomía expuesta en 6.4., dedicaremos este capítulo y el siguiente al análisis de los actos corteses y no corteses, respectivamente. Como ya se indicó, aquella categoría comprendía fundamentalmente los actos expresivos y comisivos, ésta los actos asertivos y exhortativos.

7.1. Actos expresivos

El objeto ilocutivo de los actos de habla expresivos puede definirse como la expresión de un estado psicológico del hablante, causado por un cambio, que atañe al interlocutor o a él personalmente. En la definición original de Searle (1976, 12-13) el contenido proposicional del acto expresivo describe una propiedad atribuida sea al hablante, sea al oyente. No obstante, entre los ejemplos dados por Searle —thank, congratulate, apologize, condole, deplore, welcome («agradecer, felicitar, pedir perdón, dar el pésame, lamentar, dar la bienvenida»)— no figura ningún acto que denote una propiedad atribuible solamente al hablante; todos especifican una reacción del hablante ante una situación en la que el oyente toma una parte activa o pasiva.

En cuanto a la enumeración citada, podría decirse que es un fiel reflejo de la distribución de los actos expresivos centrados en el hablante y en el oyente; es decir, cuantitativamente, esta categoría predomina con mucho sobre aquélla, que cuenta relativamente con muy pocos miembros. Algunos ejemplos son: lamentarse[1][1], avergonzarse y arrepentirse. Y aun estos verbos se emplean frecuentemente para denotar un estado psicológico del hablante acarreado directamente por su relación con el oyente. Por consiguiente, Verschueren (1981, 141) parece tener razón al observar:

Thus, if my hypothesis is correct, the distinguishin trait of expressives is not the expression of a psychological state as such bat dic expression of a psychological state ímportant to dic hearer, [Entonces, si mi hipótesis es correcta, el rasgo distintivo de los actos expresivos no es la expresión de un estado psicológico como tal, sino la de un estado psicológico importante para el oyente.]

Ejemplos paradigrnáticos de actos expresivos centrados en el oyente son: agradecer, felicitar y dar el pésame. Su realización se considera como un gesto de cortesía convencional provocado por situaciones en las que el oyente desempeña un papel activo o pasivo. Así, por ejemplo, si el hablante le felicita por cumplir años, el papel el oyente es necesariamente pasivo. Por otra parte, si el hablante le da las gracias, se presupone que el oyente ha realizado cierta acción en beneficio del hablante, a la cual el acto de agradecer sirve de respuesta cortés. Estas caracterizaciones ponen de manifiesto que los actos de agradecer, felicitar y dar el pésame son actos reactivos ante un cambio en el mundo relacionado con el interlocutor. Una importante implicación de esto es que el hablante que desatienda estos cambios, dejando de dar las gracias al interlocutor, dejando de felicitarlo o dejando de testimoniarle el pésame, será considerado como un hablante socialmente incompetente, o sea, como un interlocutor descortés.

En resumen, agradecer, felicitar y dar el pésame son actos corteses, porque sirven para apoyar o reforzar la imagen positiva del interlocutor. Merece la pena añadir que los efectos positivos producidos por estos actos no pueden ser cancelados. Sólo los actos que ocasionan efectos negativos para el interlocutor pueden anularse verbalmente mediante la disculpa, la excusa o el perdón. Partridge (1982, 66) aclara este punto describiendo el caso hipotético en que una persona A cree haber pisado a otra persona B. Entonces A quiere indicar que lamenta lo ocurrido diciendo: Siento haberle pisado. Sin embargo, resulta que está equivocado y E le dice: Pero usted no me ha pisado. En ese caso, a A no le es posible salir del apuro respondiendo: *Entonces no lo siento. En cuanto a su realización sintáctica, los actos expresivos se efectúan típicamente por medio de locuciones performativas como Te lo agradezco, Le felicito por su restablecimiento y Le doy mi más sincero pésame por la muerte de su madre, Estos ejemplos nos muestran que la causa del estado psicológico en el que se encuentra el hablante se describe opcionalmente a través del contenido de la proposición subordinada. Si deja de describirse, como en el caso de Te lo agradezco, la causa se infiere del contexto o la situación comunicativa.

De lo anterior puede deducirse que el valor cognitivo de los actos expresivos es reducido; no derivan su función del intercambio de información factual, sino que sirven para resaltar el componente social de la interacción verbal. En el plano lingüístico, esta función queda reflejada por el carácter factivo de los predicados expresivos. Si, por ejemplo, damos las gracias a nuestro interlocutor diciéndole Le doy las gracias por haberme enviado los libros, no afirmamos que éste nos haya enviado los libros, sino que presuponemos que lo ha hecho. De acuerdo con los criterios formales establecidos por Kiparsky y Kiparsky (1971), los verbos factivos se distinguen porque la información presupuesta por el contenido proposicional de la oración incrustada se mantiene inalterable, tanto en el caso de que se niegue la oración incrustadora como en el caso de que ésta se emita en forma interrogativa. Examinemos, para ilustrar este mecanismo formal, el carácter factivo del verbo lamentar tal como aparece en los ejemplos siguientes:

33) Juanita lamenta haber causado el accidente de tráfico.
34) Juanita no lamenta haber causado el accidente de tráfico.
35) ¿Lamenta Juanita haber causado el accidente de tráfico?

La interpretación de estos ejemplos es inequívoca; en cada uno se presupone que Juanita ha causado el accidente referido. Con respecto a la estructura sintáctica, por último, es notable que los verbos expresivos tiendan a seleccionar el infinitivo como complementizador, aun en el caso de que no haya correferencia de sujetos. Esto puede verse en el ya citado ejemplo Le doy las gracias por haberme enviado los libros[2][2]. En los párrafos que siguen someteremos a un análisis más detallado cuatro tipos de actos expresivos que son de uso frecuente: el saludo, el cumplido, el agradecimiento y la disculpa.

7.1.1. El saludo

El saludo es un acto expresivo idiosincrásico por varias razones, entre las cuales destacan las siguientes: I) el saludo se considera como un acto expresivo universal; esto es, no se conocen culturas en las que no esté integrado en el componente verbal de la interacción social; II) su realización formal está basada en fórmulas rutinarias, en su mayor parte fosilizadas; III) el acto de saludar no sirve para transmitir información proposicional[3][3]. Elaborando este último punto, podemos sostener que, a diferencia de los demás actos expresivos y de los actos de habla en general, los saludos no se intercambian para expresar una descripción del mundo extralingüistico. Por este motivo, en la realización del saludo intervienen, más que en la de otros actos de habla, signos paralingüísticos y no lingüísticos. [4][4]En el plano del discurso, el saludo forma parte de una pareja adyacente cuyos miembros suelen ser idénticos. Así, por ejemplo, A: Buenos días - B: Buenos días. Aun en el caso de que no haya simetría, como en A: Buenos días - B: Hola, ¿qué tal?, la pareja es excepcional en el sentido de que las dos partes que la componen actualizan el mismo acto de habla.

Las principales funciones interactivas del saludo pueden especificarse como sigue:
I) el saludo sirve para abrir el canal comunicativo; es decir, funciona como señal para llamar la atención del interlocutor, incitándole a participar en un intercambio verbal;
II) el saludo puede contribuir a evitar que se produzca una tensión social, provocada cuando dos personas se encuentran en una situación comunicativa potencial sin cruzar palabra en ese caso, el saludo es el acto de habla que se presta por excelencia, a introducir la comunión fática;
III) de acuerdo con la fórmula seleccionada, el saludo sirve para establecer o confirmar una determinada relación interaccional tal como se define por factores como posición social, grado de intimidad y afecto.

El análisis semántico de las fórmulas de saludo, que constituyen una clase típicamente cerrada, lo efectuaremos segün los siguientes criterios:
(1) significado léxico;
(II) dimensión temporal;
(III) distancia social.

Significado léxico: la extensión de las fórmulas de saludo varía normalmente de una sola palabra, como, por ejemplo, hola, adiós, a dos o tres, como ¿qué tal?, ¿cómo te va? La diferencia semántica es obvia: la categoría de saludos monoléxicos carece de contenido proposicional; son fórmulas que sólo se pueden utilizar para saludar. La segunda categoría consta de formulas que literalmente especifican preguntas sobre la vida personal del interlocutor, particularmente sobre su salud o bienestar. Convencionalmente estas preguntas se interpretan todo en un sentido simbólico; no se suele esperar una respuesta concreta a las mismas, lo cual queda sutilmente ilustrado por el adagio inglés: Don ‘t teíl your friends about your indigestion: «How you!» is a greeting, not a question [No hables a tus amigos de tu indigestión: «¿Cómo estás?» es un saludo, no una pregunta]. En el plano sintáctico, para concluir, el saludo puede realizarse mediante una fórmula léxicamente vacía, una fórmula de estructura proposicional o mediante una combinación de estos dos tipos. Así, por ejemplo, se presenta una variación entre Hola, ¿Qué tal? y Hola, ¿qué tal?

Dimensión temporal: en español, la dimensión temporal se manifiesta a través del sistema tripartito de los saludos convencionales buenos días, buenas tardes y buenas noches. Conceptualmente, estas fórmulas se reparten de una manera asimétrica, lo cual se debe a la falta de la expresión buenas mañanas como complemento de la serie de buenas tardes y buenas noches. Esto tiene como consecuencia que buenos días, a pesar de su significado léxico genérico, tenga una intensión predominantemente específica, sirviendo de sustituto de la forma no existente antedicha. Respecto a la actualización de la dimensión temporal, las lenguas no presentan una correlación uno-a-uno. Limitándonos a una comparación contrastiva entre el español y el holandés, llegarnos a la conclusión de que en holandés el sistema de las fórmulas de saludo no sólo es simétrico, sino también más extenso que el del español. Es decir, el holandés cuenta con la fórmula goede margen, que, en español, correspondería a buenas mañanas. El término equivalente a la interpretación genérica de buenos días es: goede dag. Además, la extensión relativamente mayor del sistema holandés se refleja a través de la distribución tripartita de goede middag, goede avond y goede nacht. El primer término abarca desde mediodía hasta las seis de la tarde, goede avond se emplea a partir de esta hora hasta medianoche; goede nacht es el saludo que se usa antes de acostarse. Distancia social: la distancia social es un factor que opera en dos planos distintos, según sea horizontal o vertical. En el primer caso, se trata del contacto entre personas que no se conocen, en el segundo, la distancia es jerárquica, basada en el poder o autoridad de uno de los interlocutores respecto al otro, En una lengua como el español, que no cuenta con un amplio sistema de expresiones honoríficas, como, por ejemplo, el japonés, el factor de la distancia social repercute, fundamentalmente, en la selección del pronombre de tratamiento cortés Así, se establece una oposición entre las fórmulas de solidaridad ¿Qué tal? y ¿qué hay?, por una parte, y la fórmula de distanciamiento ,¿cómo está usted?, por otra. Para concluir, pasaremos revista a algunos temas de interés aislados.

Dentro del marco de los universales pragmalingüísticos cabe señalar el fenómeno de que las fórmulas de saludo que sirven para abrir el contacto verbal difieren en su gran mayoría de las que se emplean para cerrarlo. Hasta pronto, adiós y te veo mañana, por ejemplo, sólo se emplean como fórmulas de despedida y, por este motivo, contrastan con ¿qué tal?, ¿qué hay? y hola, que nunca pueden desempeñar esa función. Normalmente, la despedida no se hace mediante una fórmula aislada, sino que se inicia por medio de una presecuencia. Ejemplos estereotipados son: Lo siento, pero tengo que hacer y Me gustaría quedarme más tiempo, pero me esperan en casa, La categoría de las fórmulas de despedida contiene también variantes empáticas, que expresan una actitud altruista por parte del hablante: No quiero entretenerle más, Me voy, porque tendrás un millón de cosas que hacer, etc. Evidentemente, la cortesía inherente a estas expresiones es de tipo negativo; el hablante da a entender que se retira del espacio intencional del oyente. En cuanto al origen etimológico de las fórmulas de saludo y despedida, conviene destacar que, en no pocos casos, revelan alusiones a la religión, la cultura o la sociedad. En español, el aspecto religioso predomina en adiós, vaya con Dios y en el arcaísmo si Dios quiere, utilizado como expansión de varias fórmulas de despedida. Un ejemplo característico del alemán aparece en algunos dialectos hablados en el área alpina; así, en el dialecto tirolés, el saludo corriente es Grüss Gott (). Desde un punto de vista sociocultural, es interesante llamar la atención sobre un saludo tradicional chino, que actualmente va cayendo en desuso. La traducción sería: ¿Ha cenado usted? o ¿Ha comido usted su arroz? La respuesta convencional a este saludo es: Si he sido tan egoísta. El origen de estas fórmulas no es difícil de rastrear; se refieren literalmente al bienestar de la persona saludada, implicando que la carencia de alimento se da con tanta frecuencia que el hambre es un fenómeno estructural. Como las fórmulas de saludo y despedida tienen una estructura fosilizada y son de uso estrictamente convencional, valdría la pena hacer un análisis comparativo con otras fórmulas estereotipadas restringidas a situaciones preestablecidas, como ¡Que aproveche!, ¡Salud! y ¡Jesús! Dentro del contexto de esta investigación, dicho análisis se justificaría por dos razones: las categorías indicadas representan actos de habla expresivos y, al mismo tiempo, sirven para denotar cortesía positiva.

7.1.2. El cumplido

El objeto ilocutivo del cumplido se deriva de un objeto social general que consiste en crear o mantener un ambiente de amabilidad. Específicamente, los hablantes que emiten un cumplido tienen como fin expresar solidaridad y aprecio, así como establecer un contexto interaccional que facilite la colaboración entre los interlocutores. El cumplido, por tanto, es una estrategia de cortesía eficaz para introducir un acto de habla que amenaza la imagen negativa del oyente. A propósito de esto, recuérdese el ejemplo:

28) Ah, veo que te has cortado el pelo Estás muy guapa así. A propósito. ¿tienes tiempo para cuidar del bebé esta noche?

En este macroacto exhortativo, el cumplido sirve para mitigar la amenaza potencialmente encerrada en la petición, que es el acto de habla central del turno[5][5]. El efecto perlocutivo que el hablante aspira a producir es crear una situación en la que, por el aprecio expuesto, le sea difícil al oyente negarse a colaborar, o sea, dejar de cumplir la petición. Desde una perspectiva más amplía, podemos afirmar que el cumplido es un poderoso instrumento persuasivo en los tipos de interacción en los que el balance coste-beneficio puede ser objeto de negociación. En contextos no exhortativos, el cumplido puede inducir al interactante a quien va dirigido a sentirse obligado a compensar al que lo ha emitido, de acuerdo con el principio normativo de noblesse oblige. Por lo que al intercambio de cumplidos se refiere, podemos sostener que sirve a la finalidad primaria de crear o reforzar solidaridad. Esta función puede ser la única manifestada, puesto que, como ha observado acertadamente Leech (1983, 84), el cumplido puede emitirse en situaciones comunicativas en las que no se requiere la realización de ningún otro acto de habla. La estructura sintáctica del cumplido se caracteriza por dos patrones básicos, que se adaptan, flexiblemente, a un gran número de situaciones comunicativas en las que el hablante desea dirigirse al oyente para emitir un juicio positivo sobre el mismo. Fundamentalmente, se trata de esquemas que tienen la forma general de me gusta X y X tiene buen aspecto. Manes y Wolfson (1981, 123) señalan que, sustituyendo X por la frase nominal apropiada, se pueden formular cumplidos sobre objetos tan diversos como un corte de pelo, pan hecho en casa, un vestido, un coche nuevo o un trabajo bien hecho. Respecto al esquema X tiene buen aspecto, compárense los cumplidos del ejemplo (28) Estás muy guapa así y el de la nota 5: Goodness, aren‘t your roses beautiful!

Otra estructura sintáctica, que parece ser típica del piropo, es la oración exclamativa marcada por una forma de presente de subjuntivo. La función ilocutiva del cumplido así formulada es optativa, como puede verse por los siguientes ejemplos, tomados de Beinhauer (1985, 152): ¡Viva la gracia!, ¡Viva la sal!, ¡Bendita sea la madre que la parió!, ¡Benditos [sean] los ojos que te ven! Pasando por alto las propiedades sintácticas arriba indicadas, Beinhauer saca una conclusión demasiado pesimista al observar: «Ya se comprende que estos fuegos multicolores del momento difícilmente se dejan aprisionar en el cuadriculado de un esquema científico» (1985, 152). Aparte de los cumplidos que expresan un aprecio directo, se distinguen otros que se realizan de manera indirecta, indicando únicamente el objeto del aprecio sin calificarlo. Se trata aquí de expresiones exclamativas como: ¡Te has comprado un vestido para la fiesta!, ¡Ha hecho usted pintar su casa! y ¿Qué veo? ¡Un coche nuevo! Fórmulas de este tipo son variantes indirectas del esquema me gusta X y como tales se asocian con las realizaciones directas: Me gusta tu vestido -- la pintura de su casa- - el coche nuevo. Nótese que el carácter indirecto de dichos cumplidos puede explicarse como violación de la máxima de cantidad. Esto es, tomadas en sentido literal, estas expresiones no proporcionan información nueva, sino información de la que el interlocutor ya está enterado. Lo que se transmite, pues, es información relativa a hechos que, siguiendo a Labov, hemos denominado «sucesos AB»[6][6]

Fijándonos en la labor interpretativa del oyente, advertimos que éste, al verse enfrentado con aserciones exclamativas cuyo contenido proposicional es literalmente irrelevante, se deja guiar por dos factores para llegar a la correcta interpretación de las mismas: la situación comunicativa, por una parte —conoce al locutor y sabe que éste no tiene ningún motivo para no dirigirle un cumplido— y la entonación exclamativa, por otra —un hablante racional no puede tener ningún interés en comunicar información presupuesta de manera enfática—[7][7].

Es importante hacer constar que la realización indirecta del cumplido no puede explicarse como intento por parte del hablante de atenuar la fuerza de su acto de habla[8][8]. La mitigación no cumple ningún papel en la realización del cumplido, puesto que, en virtud de su objeto ilocutivo, es un acto de habla cuya realización no conlleva consecuencias negativas para el oyente. El mismo efecto perlocutivo es característico de otro acto expresivo, la felicitación, Véase la siguiente exposición:

I can, for example, congratulate you indirectly by saying «That was just great», or «I am very pleased with the results of your efforts,>, or «I couldn’t have done better myself». Bach of these is indirect, but none counts as mitigation, since congratulations involve no unwelcome effects (Fraser, 1980, 346). [Puedo felicitarte indirectamente diciendo, por ejemplo, «Muy bien hecho» o «Me gusta mucho lo que has conseguido» o «Yo mismo no habría podido hacerlo mejor». Cada una de estas locuciones es indirecta, pero ninguna cuenta como mitigadora, puesto que las felicitaciones no acarrean efectos desfavorables.]

Pasando a un análisis comparativo del cumplido y la felicitación, comprobamos en primer lugar que ambos actos de habla tienen en común el expresar cortesía positiva. Luego resulta que su relación es tan estrecha que a veces es difícil trazar una línea divisoria. Norrick (1978, 286) enfoca el problema señalando que, en algunos casos, el mismo acto puede interpretarse indistintamente como cumplido o felicitación. Ejemplos ilustrativos son las locuciones indirectas analizadas por Fraser en la última cita mencionada. En otras situaciones, sin embargo, sólo se puede efectuar uno de los dos actos de habla, excluyéndose la realización del otro, Considerando algunos casos con cretos, Norrick indica que no podemos felicitar a un tenista porque haya mejorado la técnica de sus golpes de revés; sólo le podemos dirigir un cumplido. A una persona que cumple ochenta años, en cambio, no le podemos dirigir un cumplido; conviene felicitarla, Sin aducir argumentos explícitos, Norrick propone atribuir al acto de felicitar la propiedad de clase genérica, reservando para el cumplido el estatus de subclase de la misma. Esta taxonomía se podría defender tomando en consideración que el cumplido se refiere, esencialmente, a situaciones producidas por la intervención activa del interlocutor, La felicitación, por su parte, es una categoría más amplia, ya que abarca también situaciones que no son producto de una actividad humana, como, por ejemplo, cumplir años. En resumen, podemos sostener que, salvo contados casos, como el piropo, el cumplido supone la participación activa del interlocutor en la situación descrita, mientras que la felicitación se refiere a situaciones en cuya realización el interlocutor ha participado activa o pasivamente. Al pasar al nivel del discurso, donde el cumplido ocupa el papel de miembro inicial de una pareja adyacente, comprobamos que es más fácil dirigirle un cumplido a una persona que responder adecuadamente al mismo. Es decir, la respuesta al cumplido requiere que se atenúe con cierta sutileza el aprecio expresado. He aquí la razón por la que este tipo de acto de habla forma parte de la categoría de actos de habla cuya realización se suele considerar delicada[9][9]. A propósito de esto, conviene recordar que en 6.3. hemos indicado que la reacción preferida al cumplido admite tres variantes estereotipadas:

1) aceptar el cumplido reduciendo el elogio;
II) aceptar el cumplido atribuyendo el elogio a una tercera persona;
III) devolver el cumplido.

Entre las reacciones no preferidas destacan el refuerzo o la afirmación sin restricciones o sea, actos que revelan falta de competencia social por parte de quien recibe el cumplido. Para terminar, valdría la pena indicar un campo de investigación n el que no podemos entrar en el contexto de este estudio; se trata del análisis etnolingüístico del cumplido como vehículo de expresión convencional de cortesía positiva. Al hacer una comparación especulativa entre las culturas norteamericana y holandesa, por poner un ejemplo contrastivo, podríamos decir que en la primera el afán de estimular la imagen positiva del interlocutor mediante un cumplido se manifiesta de un modo mucho más marcado que en la segunda. No está claro todavía en qué punto de la escala correspondiente habría que colocar la cultura española.

7.1.3. El agradecimiento

El acto de «agradecer» es un acto expresivo reactivo cuya reacción queda determinada por un acto previamente efectuado por el interlocutor. El efecto de este acto, que puede ser verbal o no verbal, redunda en beneficio del hablante que da las gracias. De esta caracterización cabe deducir que «agradecer» es un acto de habla que sirve a la finalidad particular de restablecer el equilibrio de la relación coste-beneficio entre hablante y oyente, lo cual equivale a afirmar que fórmulas de agradecimiento compensan simbólicamente el coste invertido por el oyente en beneficio del hablante. Todo ello implica que el dejar de restablecer el balance coste-beneficio, no dando las gracias al interlocutor cooperativo, se considera como una forma de comportamiento descortés. En muchas culturas es cortés informar a la persona que agradece, no hace falta restablecer el balance coste-beneficio. Esto puede ilustrarse por medio de las siguientes fórmulas, usadas por hablantes de holandés, inglés y español, respectivamente: géén dank, niet te danken; don ‘t mention it; de nada, no hay de qué, no las merece. Según Coulmas (1981, 81), «agradecer» es un candidato plausible para La categoría de los universales de cortesía:

As regards apologies and thanks, it seems to be a reasonable assumption that they exist as generíc speecb acts in every speech cornmunity. I would even go so far as to ventare the hypothesis that every language provides a stock of conventionalized means for fulfilling these functions. [En lo que se refiere a la disculpa y al agradecimicnto es razonable suponer que existen como actos de habla genéricos en cada comunidad lingüística. Me atrevería incluso a formular la hipótesis de que cada lengua dispone de un conjunto de medios convencionales para desempeñar esas funciones.]

El investigador que intente verificar esta hipótesis, debería tener en cuenta el hecho empírico de que el acto de agradecer muestra rasgos culturales específicos, porque no se produce en todas partes en Las mismas situaciones comunicativas, Para ilustrarlo, empecemos con un ejemplo concreto de la cultura norteamericana. En Estados Unidos es costumbre cerrar una conversación telefónica comercial con Thank you for calling (Gracias por haber llamado), fórmula rutinaria emitida por el interlocutor que ha sido llamado. En el plano etnolingüístico, esta estrategia, desconocida o poco corriente en los países europeos, puede ser interpretada como rasgo distintivo de una cultura que concede mucho valor al mostrar cortesía positiva. En España, por poner otro ejemplo, las reglas normativas que determinan la interacción entre camarero y cliente no prescriben que el cliente dé las gracias al camarero al servirle éste la comida o consumición. Del mismo modo, el camarero suele abstenerse de acompañar verbalmente el acto de servir. En un restaurante holandés, sin embargo, la ausencia de respuestas verbales en el tipo de interacción descrito se podría considerar como señal de descortesía intencionada. Otro ejemplo contrastivo hispano-holandés: el revisor de los ferrocarriles holandeses intercambia diariamente mil gracias con los viajeros al recibir y entregar los billetes que debe controlar. Su colega de la RENFE, en cambio, puede ahorrarse esta energía verbal por completo. De estos análisis se extraen dos conclusiones, una específica, otra general. La específica es que la cultura española difiere de la holandesa en que, por regla general, no concede valor particular al emitir fórmulas de agradecimiento como respuestas verbales a actos rutinarios efectuados dentro de un patrón interaccional preestablecido. Podríamos decir, pues, que el español adopta una actitud esencialmente racional ante el acto rutinario, inclinándose a ahorrar energía verbal, en tanto que el holandés tiende a acentuar el aspecto social de la interacción, prefiriendo mostrar cortesía positiva. La conclusión general es que las diferencias descritas pueden dar lugar fácilmente a malentendidos o conflictos de tipo etnolingüistico. Así pues, no es raro que, dentro del contexto de los actos rutinarios, el comportamiento interaccional de los españoles les parezca descortés a los holandeses, mientras que a los españoles la reacción verbal preferida por la cultura holandesa les dé la impresión de ser exagerada o superflua[10][10]. Acerca de la problemática de los contrastes etnolingüisticos, Leech (1983, 84) hace este comentario:

I am aware that people typically use «polite» in a relative sense: that is, relative to sorne norm of behaviour which, for a particular setting, they regard as typical. The norm may be that of a particular culture or language community. For example, I have been seriously told that «Poles/Russians/ etc, are never polite», and it is commonly said that «the Chinese and Japanese are very polite in cornparison with Europeans», and so on. These stereotypic comments are often based en partial evidence, and one of the tasks of what I earlier called «sociopragmatics» is te examine the extent te which language communities do differ in their application of the PP ( Politeness Principie, H. H.), [... me doy cuenta de que la gente usa «cortés» fundamentalmente en un sentido relativo: es decir, relativo con respecto a cierta norma de comportamiento, que se considera típica de un contexto particular. La norma puede ser la de una cultura o comunidad lingüística determinada. Me han dicho en serio, por ejemplo, que «los polacos/rusos/, etc., no son nunca corteses» y es una opinión común que «los chinos y japoneses son muy corteses en comparación con los europeos», etc. Estas observaciones estereotipadas están basadas muchas veces en una evidencia parcial, y una de las tareas de lo que he llamado antes «sociopragmática» es investigar hasta qué punto las comunidades lingüísticas difieren en la aplicación del Principio de Cortesía.]

Hemos visto que las circunstancias en las que se expresa gratitud pueden variar de una cultura a otra. A esto conviene añadir ahora que no sólo el contenido léxico de las fórmulas, sino también el componente instrumental del acto puede diferir. Veamos dos casos ilustrativos. En japonés, las fórmulas de agradecimiento expresan lo que en las culturas occidentales corresponde a una disculpa. Así, por ejemplo, un japonés que ha pasado la velada en casa de amigos, invitado a cenar, dará las gracias a sus anfitriones valiéndose de una expresión como: «Os he causado mucha molestia esta noche». Naturalmente, las normas de la cortesía obligan a éstos a insistir en que no ha sido molestia alguna. El segundo ejemplo concierne a la realización no verbal del acto de agradecer. El botswana, lengua indígena de África del Sur, no tiene fórmulas lingüísticas para expresar agradecimiento; los hablantes de esta lengua se valen de un gesto manual, elevando los dedos de la mano de tal modo que las puntas se tocan delante del cuerpo. Finalmente, tenemos que llamar la atención sobre un uso particular del acto de agradecer, o sea, el anticipar las gracias. Desde el punto de vista semántico, el acto de anticipar las gracias se desvía de la norma de que el contenido proposicional sea factivo; es decir, no se refiere a un hecho consumado, sino a un acto que queda por realizar por parte del interlocutor. Por esta razón, podría argumentarse que el objeto ilocutivo no es expresivo, sino exhortativo, visión sintácticamente corroborada por el hecho de que el subjuntivo es el modo del verbo subordinado:

36) Agradeceré que me MANDE los géneros a la mayor brevedad posible.

7.1.4. La disculpa

El hablante que se disculpa realiza un acto de habla expresivo cuyo objeto ilocutivo es dar a conocer al interlocutor que se ha violado cierta norma social y que él, es decir, el hablante, se cree, al menos parcialmente, responsable de haber ocasionado dicha violación. En consecuencia, la disculpa refuerza la imagen positiva del interlocutor, amenazando al mismo tiempo la del hablante. El carácter factivo del contenido proposicional puede o no estar basado en situaciones reales; en el primer caso, el hablante ha realizado un acto que ha provocado un efecto desfavorable para el oyente; en el segundo, el hablante ha dejado de realizar un acto que habría proporcionado un efecto favorable para el oyente. Goffman (1971, 113) señala que la disculpa contiene varios eleçnentos: la expresión de arrepentimiento, dolor o empatía y también la expresión o implicación de que el hablante ha dejado de actuar conforme a las normas sociales vigentes en la comunidad de la que forma parte. Otra característica es la presuposición de que el hablante asume la responsabilidad de evitar la violación de la norma en el futuro. En el plano perlocutivo, la reacción del oyente que el hablante intenta provocar es el perdón, lo cual queda reflejado claramente por fórmulas de disculpa de uso frecuente como; perdóname, dispense usted y discúlpeme.

En virtud de lo anterior, podría sostenerse que el hablante adopta al mismo tiempo dos actitudes contrarias, una retrospectiva, otra prospectiva. La primera consiste en reconocer lo reprochable del comportamiento seguido con el oyente, la segunda está orientada hacia la reintegración del hablante en la comunidad como miembro socialmente aceptado. Dentro del mareo del análisis coste-beneficio, cabe afirmar que la disculpa se emite para restablecer el balance desequilibrado de las relaciones interaccionales entre hablante y oyente. Desde esta perspectiva, la disculpa es perfectamente comparable con el agradecimiento: ambos actos son actos expresivos reactivos. Lo mismo que en los actos exhortativos, la mayor o menor inversión de coste verbal por parte del hablante depende de la índole de la situación que provoca la realización de la disculpa o del agradecimiento. A propósito de ello, recuérdese la comparación entre las fórmulas exhortativas convencionales (21) y (22), por una parte, y la fórmula (23), por otra, que hemos calificado de no convencional, o sea, pragmáticamente mal formada por desatender el hablante el equilibrio entre coste y beneficio.

En cuanto a la categoría de la disculpa, podemos ilustrar la diferencia en cuestión haciendo uso de los dos ejemplos siguientes: chocar con una persona desconocida en una calle concurrida no acarrea normalmente un daño grave, es una situación que se da con bastante frecuencia, de modo que el transeúnte absorto que provoca el choque puede limitarse a recurrir tan sólo a una fórmula de disculpa convencional, como perdón, no me lo tome a mal, etc. Fórmulas como éstas, sin embargo, no serán suficientes para restablecer el equilibrio si, por ejemplo, el que se excusa ha dañado gravemente un coche prestado. Entonces, aparte de la disculpa, se requieren por lo menos una expresión de sincero arrepentimiento, una explicación de las causas del accidente y garantías para la indemnización. En los dos casos descritos la causa del daño infligido al interlocutor es un suceso imprevisto, pero es fácil imaginarse otras situaciones, como se desprende de la taxonomía establecida por Lange (1984, 89-90). Utilizando terminología latina, Lange distingue cuatro categorías: (I) error, (II) casus, (III) necessitas, (IV) oblivio. Error abarca factores como ignorancia y equivocación. Por casus se entiende la categoría de los incidentes y accidentes, así como casos de fuerza mayor. Parece probable que en las culturas occidentales este factor sea la fuente principal de la disculpa, Necessitas se refiere a las situaciones en las que un deber moral obliga a uno de los interactantes a infligir daño al otro. Y, por último, oblivio es el factor del olvido. Lo que llama la atención es que la taxonomía de Lange no incluye la categoría del insulto. Es una omisión evidente, porque es bien sabido que el insulto es uno de los actos que primero requieren una disculpa por parte del ofensor para que se restablezca el balance interaccional entre hablante y oyente. En el nivel del discurso, nos encontramos con dos situaciones diferentes: (I) la disculpa es autónoma, es decir, ofrecida por el hablante sin pedirla el interlocutor; (II) la disculpa no es autónoma, en cuyo caso sirve de respuesta a un reproche explícito dirigido al hablante por el interlocutor. Lógicamente, aquí se da una alternativa: el que recibe el reproche puede o no aceptarlo; en el primer caso se disculpa, en el segundo, no. Nótese que, cualquiera que sea la actitud que adopte, el hablante que responde a un reproche tiende a justificar su comportamiento no aceptado; es el reflejo típico del homo loquens que, como hemos visto al considerar el ejemplo (20), muestra una marcada tendencia a racionalizar su comportamiento.

Un terreno prácticamente inexplorado es el del análisis etnolingüístico del peso relativo de los cuatro factores distinguidos por Lange. Una de las preguntas fundamentales aquí es si cabe percibir diferencias estructurales entre las culturas europeas y las no europeas, entre las que las asiáticas merecen atención especial. Luego convendría efectuar análisis intraculturales. Un ejemplo característico de este tipo de investigación es el estudio realizado por Holmes (1983) en Nueva Zelanda. Haciendo una comparación entre los dos sexos, Holmes llega a la conclusión de que los hombres se disculpan sobre todo cuando llegan tarde a un compromiso, o sea, en los casos en que violan una norma de indole temporal. Las mujeres, en cambio, tienden a disculparse por violaciones de una norma de índole espacial, es decir, cuando chocan con una persona. En las conversaciones cotidianas es corriente que los usuarios de la lengua no distingan netamente entre formular una disculpa y expresar sentimiento. Volviendo al ejemplo del chocar con una persona en la calle, no suele percibirse ninguna diferencia perlocutiva entre las reacciones Discúlpeme y Lo siento. Sin embargo, hay una diferencia esencial, y es que la disculpa presupone el sentimiento, mientras que la relación inversa no se da. Un conocido ejemplo histórico que revela la relación hiponímica entre las dos categorías es el llamado incidente del U2, que tuvo lugar en los años cincuenta. El presidente Eisenhower se mostró dispuesto a expresar su sentimiento ante el gobierno ruso por haber violado el avión americano el espacio aéreo soviético, pero se negó a disculparse. Se produjo entonces un grave conflicto político entre las dos grandes potencias, puesto que los rusos insistieron en que el gobierno americano ofreciera sus excusas. Por lo que al acto de expresar sentimiento se refiere, es importante resaltar que se efectúa frecuentemente como acto de habla indirecto, con la función específica de producir un efecto perlocutivo atenuador. Los hablantes que aplican esta estrategia, utilizando la fórmula estereotipada Lo siento, intentan reducir los efectos negativos inherentes a la transmisión de mensajes desfavorables para el interlocutor. Obsérvese que, en virtud de su contenido léxico, Lo siento expresa empatía o simpatía por el interlocutor, de modo que funciona perfectamente para conseguir la finalidad comunicativa indicada. Elaborando este análisis, hacemos una estricta separación entre dos funciones del predicado «sentir», según aparezca o no como verbo principal de una locución performativa. Si se emplea en una locución no performativa, como en Carlos siente haber revelado el misterio, «sentir» no proporciona ninguna información sobre la actitud personal del hablante con respecto al oyente. El uso performativo del predicado, en cambio, se interpreta como fórmula convencional para expresar empatía o simpatía. No obstante, al decir Lo siento, el hablante puede tener la intención de comunicar algo más que empatía o simpatía. Lo que ocurre entonces es que, además del significado literal de la expresión, otro no literal va implicado, o sea, una respuesta negativa a un acto de habla previo del interlocutor. Considérese un ejemplo como:

37) A: ¿Podría usted cambiar mil pesetas? B: Lo siento; no tengo moneda suelta.

Este empleo de la expresión perfomativa debe calificarse de estrategia atenuadora, ya que el hablante pretende proteger la imagen positiva del oyente, previniendo que éste se vea enfrentado con una respuesta literal que contiene información desagradable. Por consiguiente, en (37) Lo siento sustituye a una respuesta negativa directa a la pregunta del hablante A; es decir, representa un acto de habla asertivo indirecto, lo cual es una conclusión interesante, ya que en la bibliografía dedicada al tema la fuerza ilocutiva múltiple de los actos de habla indirectos se asocia casi siempre con la categoría de los exhortativos. A continuación, trataremos de dar respuesta a dos preguntas interdependientes. La primera es: ¿cuáles son los actos de habla que admiten una respuesta negativa mediante Lo siento?, y la segunda: ¿qué lo que se debe entender por «respuesta negativa» a un acto de habla? La contestación a la primera pregunta es simple: Lo siento es una reacción convencional a actos asertivos y exhortativos, en general, y a peticiones e interrogaciones, en particular. Al contestar a la segunda pregunta, nos centraremos sobre estas dos clases de actos de habla. Ahora bien, por «respuesta negativa» a una petición se entiende el rechazo de la petición, lo cual, lógicamente, implica que la persona a quien va dirigida no es capaz o no está dispuesta a cumplir con el deseo del hablante. Dentro del marco la teoría de los actos de habla, esto significa que deja de cumplirse de las condiciones previas inherentes a la realización del acto exhortativo. Lo interesante en el presente contexto es que el rechazo puede ser formulado cortésmente mediante Lo siento. Véase el ejemplo siguiente:

38) A: ¿Puedes llevarme a casa esta noche? B: Lo siento; tengo el coche estropeado.

La parte performativa de la respuesta de B debe considerarse como acto de habla indirecto, puesto que este hablante efectúa dos actos ilocutivos al mismo tiempo: un acto explícito, que expresa el sentimiento, y otro implícito, que sirve para rechazar la petición. Al pasar a la categoría de las interrogaciones[11][11], cabe destacar que representan una subclase particular de la clase de los actos exhortativos; es decir, difieren de actos como pedir, mandar y suplicar, ya que se realizan exclusivamente para influir en el comportamiento verbal del interlocutor. Éste, por consiguiente, puede mostrar dos clases de reacciones negativas al acto interrogativo: por una parte, puede negar el contenido proposicional de la pregunta, lo que equivale a decir que da una respuesta negativa. Por otra, puede indicar que no es capaz de contestar a la pregunta. En tal caso, se da la misma situación que hemos ilustrado con (38): el acto de habla indirecto Lo siento sirve de estrategia de cortesía para prevenir que el oyente se vea enfrentado con una reacción negativa explícita. El siguiente ejemplo, por tanto, es paralelo a (38):

39) A: ¿Sabe usted dónde está la estación de ferrocarril? B: Lo sienta, señora; no soy de aquí.

Volviendo a la situación en que el interrogado niega el contenido proposicional de la pregunta, podemos perfilar nuestro análisis fijándonos en la índole de la información comunicada. Es decir, Lo siento se emplea en los casos en los que el hablante presupone que una respuesta negativa a la pregunta encierra información desagradable para el oyente. Los hablantes que no parten de esta presuposición no pueden aplicar la estrategia, como se desprende del contraste entre los ejemplos (40) y (41), uno bien, otro mal formado pragmáticamente:

40) A: ¿La habitación tiene cuarto de baño? B: Lo siento, señor; sólo tiene lavabo.
41) A: ¿En este hotel, se nota mucho e1 ruido de la autopista? B: *Lo siento, señor; no se nota mucho.

Para redondear el análisis de Lo siento, nos quedan por hacer dos observaciones. En primer lugar, como ya hemos ilustrado con los ejemplos anteriores, el empleo indirecto de la expresión implica una respuesta negativa al acto exhortativo precedente; por eso el hablante que se disculpa se inclina a explicar por qué no puede atender al ruego del interlocutor. Esto queda demostrado claramente por la aportación de los hablantes B en los ejemplos (37)-(40), quienes, para no faltar a las normas de la cortesía positiva, justifican explícitamente la respuesta negativa implicada por Lo siento. La segunda observación es de índole sintáctica. Como sugieren los ejemplos (37)-(40), el predicado expresivo suele llevar como argumento un pronombre clítico; es decir, por regla general, el predicado no se especifica por medio de una proposición subordinada que indique el objeto de la disculpa o del sentimiento. Esta falta de especificidad se debe a que dicha información es deducible del contexto, o sea, del contenido proposicional del primer miembro de la pareja adyacente. Sin ser un predicado que, por su significado léxico, pertenezca a la clase de los que denotan disculpa o sentimiento, temer(se) se emplea con frecuencia con el mismo fin atenuador que sentir. El análisis correspondiente debe basarse en la distinción de dos usos del predicado. Por una parte, si el hablante no tiene intención de producir un efecto perlocutivo particular en el oyente, la expresión (me) temo sirve para denotar un sentimiento de miedo, cuya causa puede o no estar indicada literalmente; en caso negativo, se infiere del contexto o de la situación comunicativa. Por otra parte, (me) temo puede emplearse por razones puramente estratégicas. Considérese la observación siguiente: In other cases, the expression of the speaker’s attitude toward what he says, is integrated into the utterance itself. Many instances of I think, I‘m afraid, and so forth, do not have literal meaning and are incidental to what is said…: Get the cat out of here, or elsa I‘m afraid that Bennie wil lgive us a lot of trouble (Davison, 1975, 157-158) [En otros casos, la expresión de la actitud del hablante con respecto a lo que dice está integrada en la locución misma. Muchos casos de creo, me temo, etc., no tienen sentido literal, sino que dependen de lo que se comunique...: Quita el gato de aquí, que, si no, me temo que Bennie nos va a causar un montón de problemas.] Es obvio que, en el ejemplo citado, me temo sirve de recurso atenuador para prevenir que se vea amenazada la imagen negativa del interlocutor; la estrategia del hablante consiste en mitigar la justificación de la exhortación. Todo esto nos induce a concluir que (me) temo es una fórmula de cortesía que, lo mismo que lo siento, expresa empatía o simpatía del hablante hacia el oyente. Por este motivo, la expresión puede ser utilizada apropiadamente para introducir información que el hablante presupone desagradable para el oyente. Respecto a la interpretación semántica de (me) temo, parece que Davison no acierta al postular un significado no literal para el empleo atenuador de la fórmula, puesto que no está claro cómo se debería definir tal significado. En realidad, la diferencia entre el uso mitigador y no mitigador no está relacionada con el contenido léxico del predicado, sino con el valor veritativo de la proposición incrustada. Esto es, la interpretación no mitigadora implica que el hablante no es capaz de juzgar la verdad de dicha proposición; la interpretación mitigadora, en cambio, implica que el hablante no sólo es capaz de determinar la verdad de la proposición, sino que la ha determinado ya[12][12]. Concluimos este capitulo con un análisis comparativo de los actos habla expresivos que hemos venido investigando. Siendo el saludo una categoría aparte por adolecer de contenido proposicional variable, nos centraremos en el cumplido, el agradecimiento y la disculpa, En los párrafos precedentes, hemos ahondado particularmente en los objetos ilocutivos y los efectos perlocutivos de dichos actos de habla. Ahora queda por enfocar la estructura global de las situaciones comunicativas en las que el hablante dirige un cumplido al interlocutor, le agradece una atención o le pide perdón. Para llevar a cabo el análisis correspondiente nos valdremos de un modelo de tres parámetros ideado por Norrick (1978, 284-287) para valorar la situación que provoca la realización del acto de habla, por una parte, y los papeles que des- empeñan el hablante y el oyente en dicho estado de cosas, por otra. La valoración puede ser positiva o negativa, los papeles de los interlocutores pueden ser activos o pasivos. La aplicación de estos criterios produce los siguientes resultados:

CUMPLIDO: Estado de cosas: positivo Hablante: paciente Oyente: (1) agente - ha creado la situación descrita por el contenido proposicional (11) paciente - ocupa un papel pasivo en la situación descrita. Ejemplo: piropos sobre la fisonomía del oyente

AGRADECIMIENTO: Estado de cosas: positivo Hablante: paciente Oyente: agente
DiscuLpA: Estado de cosas: negativoHablante: agenteOyente: paciente











[1][1] Considérese:
The act of lamenting is like condoling in expressing sorrow; but while condoling is directed at the misfortune of others, lamenting expresses sorrow at one’s own rnisfortune (Nonick, 1978, 288). [El acto de lamentar es parecido al de dar el pésame al expresar dolor- no obstante, dar el pésame está centrado en la desdicha de otras personas, mientras que lamentar expresa dolor respecto ala desdicha del hablante mismo.]

[2][2] Para el inglés, Searle señala también una estructura complementizadora específica: apologize y congratulate son incompatibles con oraciones subordinadas introducidas por la conjunción that (que). Estos verbos exigen el gerundio como complementizador, como demuestran los ejemplos siguientes:I) I apologize for stepping on your toe.* I apologize that I stepped on ycur toe. [Siento haberle pisado el dedo.] II) I congratulate you on winning the race. *1 congratulate that ycu won the race. [Te felicito por haber ganado la carrera.]
[3][3] ‘ Greet sr to be treated as an expressive verb, even though it lacks the typical syntactic indicators of that cotegory (Leech, 1983, 209). [Saludar debe calificarse como verbo expresivo aunque carece de la estructura sintáctica típica de esa categoría].
[4][4] Para la distinción entre signos lingüísticos, paralingüisticos y no lingüísticos véase lo expuesto en 6.
[5][5]Examinemos también el ejemplo de Brown y Levinson (1978. 108): Goodness, aren’t your roses beautiful! I was just coming by to borrow a cup of flour. [¡Cararnba, qué maravillosas están tus rosas! Pasaba por tu casa a ver si me podías dejar una taza de harina!]
Es interesante observar que tanto el ejemplo de Brown y Levinson como el del canguro guardan una estrecha relación funcional con la figura retórica de la captatio benevolentiae.
[6][6] Para una explicación del término, véase cap. 6, nota 6.
[7][7] Proporcionar información presupuesta puede servir también pan reprochar o poner en ridículo al interlocutor. Se trata, entonces, de actos exhortativos que no con siguen deseo, debido a la impericia o falta de atención del oyente. Un ejemplo ilustrativo sería: El ascensor se llama oprimiendo el botón.
[8][8] Valgan los ejemplos (4) y (19) para ilustrar que la realización indirecta del acto de habla es una estrategia prototípica del hablante exhortativo.
[9][9] Para una calificación de otros miembros de esta categoría, considérese: Most adults, in fact, never learn to condole and sorne never learn to deny very effectively (Shuy, 1978, 95). [De hecho, la mayoría de los adultos nunca aprende a dar el pésame y algunos nunca aprenden a negar de un modo eficaz.]
[10][10] Es curioso que en la enseñan de lenguas extranjeras se preste poca atención, por no decir ninguna, a estas cuestiones de importancia vital. Los cursos de lengua holandés-español, por poner un ejemplo, indican, en general, que Dank je wel equivale gracias; no obstante, dejan de proporcionar la información principal al no explicar en qué circunstancias se dice gracias en un intercambio verbal español.
[11][11] Para el presente análisis son interesantes sólo las llamadas interrogaciones generales. Para una caracterización de esta categoría, véase: Cuando preguntamos sobre el contenido de la oración, es decir, sobre la verdad o falsedad del juicio, la pregunta es general. Así, por ejemplo, ¿ha llegado tu padre?, ¿conocéis a ese señor tan distinguido? Nuestra pregunta se dirige a saber si es cierta la relación entre sujeto y predicado. La respuesta esperada es sí o no; [...] (Gili Gaya, 1985, 47).
[12][12] Lo siguientes argumentos sintácticos corroboran el análisis propuesto. El uso mitigador de (me) temo no es compatible con el llamado alzamiento de oración. Así, por ejemplo, a la pregunta ¿Cuál es su diagnosis de la paciente? una respuesta bien formada sería: a) Temo que no se recupere de la pérdida de su esposo. Mal formada, en cambio, estaría la variante a la que se aplica el alzamiento de oración: b) *No se recupero de la pérdida de su esposo, temo. Por otra parte, al usarse (me) temo como estrategia mitigadora, el alzamiento de oración es perfectamente aceptable: c) Me temo que has llegado tarde. d) Has llegado tarde, me temo. El carácter bien formado de (d) se explica tomando en consideración que el hablante interpreta el complemento has llegado tarde como una proposición que corresponde a la situación real; en eso radica precisamente el contraste con el ejemplo (b), donde la proposición del complemento se refiere a una situación futura, por lo que su valor veritativo no puede determinarse. El segundo argumento sintáctico concierne a la estructura modal del complemento; la interpretación mitigadora requiere el empleo del indicativo, la no mitigadora sólo es compatible con el subjuntivo.